LA LUCHA POR EL PODER EN EL TITANIC

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La lucha por el poder en el Titanic o cómo los conflictos geopolíticos entre el Este y Occidente desestabilizan todavía más la economía mundial del inestable capitalismo tardío.

La comunidad occidental de valores ya puede exhibir los primeros éxitos tangibles en la guerra económica contra la Federación Rusa. La moneda rusa sigue cayendo, alcanzando un nuevo mínimo, a finales de septiembre, a una cotización de 39 rublos frente al dólar estadounidense, y la economía del mayor país del mundo en extensión se encuentra al borde de la recesión. De acuerdo con el ministro de Economía, Alexei Ulyukayev, la economía rusa se ​​contrajo un 0,5 por ciento en el primer trimestre de 2014, una situación que, con una nueva caída en el desempeño económico, puede conducir a la Federación Rusa a sufrir una ” recesión técnica “en el primer semestre. La revisión a la baja de las previsiones del gobierno ruso para este año parte, aún así, de una tasa de crecimiento económico del 0.5 por ciento, y se espera para el 2015 una recuperación económica que debe permitir que el producto interno bruto (PIB) crezca un 1,2 por ciento.

Esta visión optimista fue contradicha por el Banco Mundial en el pronóstico publicado a finales de septiembre que considera a Rusia, en la mejor de las hipótesis- si todas las sanciones se suspendieran repentinamente a finales de 2014 – hundiéndose durante varios años de estancamiento económico, con un crecimiento económico moviéndose en décimas de punto porcentual: “La economía está al borde de una recesión y permanecerá allí por algún tiempo“, dijo el destacado analista del Banco Mundial, Birgit Hansel, sobre Rusia, en la presentación de su informe. Así, Rusia debe ajustarse a una fase de crecimiento anémico de 0,3 hasta 0,4 por ciento en los próximos dos años. Además de la reducción del consumo y la disminución de la disponibilidad de la inversión, la caída del precio del petróleo va a agravar aún más la situación económica en Rusia, informó la agencia de noticias Bloomberg también a finales de septiembre. Rusia, cuyos ingresos presupuestarios en más de la mitad son impuestos sobre las fuentes de energía, necesita de un precio del petroleo de alrededor de $ 100 por barril  para evitar una recesión a largo plazo. A mediados de septiembre, el barril de crudo cotizaba a $ 96.9 (futuros del Brent), que es una caída del 16 por ciento en comparación con su máximo anual de junio.

Sin embargo, no parece estar justificada la euforia en Occidente por el éxito de esta pequeña guerra económica, ya que esta caída afecta ahora a la Unión Europea aún más. Las sanciones recíprocas entre el Este y Occidente reforzaron los temores de que “la economía de Europa podría caer en recesión”, amenazando con “hundirse en una década perdida” similar a la recesión deflacionaria a largo plazo en Japón en los años 90s del siglo XX, como el Washington Times advirtió a mediados de septiembre.

De hecho, gracias a la máxima alemana de austeridad impuesta a los países europeos en crisis, en forma de medidas de austeridad draconianas, la Unión Europea está en camino de una deflación creciente. En el segundo trimestre, la zona del euro se estancó respecto al trimestre anterior, con Alemania e Italia sufriendo incluso contracciones leves del PIB. Según las previsiones citadas en el New York Times de la firma de investigación económica Markit Economics, la zona del euro puede esperar un crecimiento económico del 0,3 por ciento este año, en la mejor de las hipótesis. A esto hay que añadir el débil crecimiento de los precios que, a pesar de toda la emisión monetaria del BCE, sigue manteniéndose cerca de cruzar el umbral de la deflación. En agosto, la inflación en la zona euro fue sólo el 0,3 por ciento, en julio todavía era del 0,4 por ciento. Al mismo tiempo, alrededor de 18,4 millones de asalariados están oficialmente desempleados en la zona euro, lo que corresponde a una tasa de desempleo del 11,5 por ciento.

Las deflaciones afectan desastrosamente, sobre todo en economías altamente endeudadas, dado que conducen a una inflación de la deuda, sofocan la demanda y producen la ruina de las finanzas públicas. Una vez que el dinero comienza a crecer en valor, lo mismo ocurre con el valor de todas las deudas. Además, la caída de los precios significa que los ingresos del IVA se reducen – y que la deflación ya está asociada a una disminución en el gasto del consumidor, que tiende a retrasar las compras importantes, debido a la tendencia a la caída de los precios. Por esto la agencia de calificación Fitch, a mediados de septiembre, habló de una espiral deflacionaria clásica que se ya se anuncia en la eurozona. Incluso una pequeña deflación convertiría en completamente absurda la política de austeridad impuesta por Berlín en toda Europa y aumentaría masivamente la deuda soberana, según el informe de Fitch, que alerta literalmente de una espiral deflacionaria (“ciclo fatal / doom loop”) en la eurozona. Y las deudas en realidad ya no hacen ninguna falta en la nueva Europa, en la que, en términos de política económica, sólo se “habla alemán” (Volker Kauder). Solo en el primer trimestre de 2014, la deuda europea se incrementó al 93.9 por ciento del PIB, desde el 92,7 por ciento del trimestre anterior. Es decir, en solo un trimestre las deudas de la zona euro aumentaron en más de un punto porcentual de la producción económica. La deflación con recesión pone en peligro la continuidad de la Unión Monetaria Europea.

No es un gran misterio por qué sucede que la política expansionista del BCE – la cual entretanto ha entrado en territorio desconocido, en términos de política monetaria, por medio de la introducción de una tasa negativa de los depósitos de los bancos – hasta ahora no podía luchar contra las presiones deflacionarias y el estancamiento económico . Serios esfuerzos para luchar contra la deflación tendrían que unirse a los “incentivos monetarios con incentivos fiscales” y dejar la “ilusión de un crecimiento impulsado por las exportaciones como la salvación de la zona euro“, CNN escribió un comentario sobre el desastre que se anuncia. Serán necesarios”enormes esfuerzos para aumentar la demanda” y para estimular el crecimiento de los salarios. Hasta ahora estas ideas tropezaban contra el granito teutónico. Por último, el jefe del BCE, Mario Draghi, a finales de agosto respondió a las solicitudes de final de los dictados de austeridad, con el descontento de Berlín, y tuvo que aguantar una llamada de teléfono enojada de Angela Merkel, en la que quería saber si él “también apoyaba la austeridad en la zona euro“, según el Spiegel Online.

La zona del euro está, por tanto, en una situación mucho más crítica que la Federación Rusa, por lo que incluso el limitado impacto económico de las sanciones debe ser suficiente para acabar por conducir a su zona monetaria en la dirección de la recesión y la deflación. La precipitación de la guerra económica entre el Este y el Occidente podría, así, representar la famosa última gota que hace desbordar el vaso de la crisis, mantenida con emisión monetaria excesiva y burbujas gigantescas de liquidez.

Mientras tanto, también el neo-mercantilismo alemán, que literalmente podría exportar las turbulencias de la crisis con sus gigantescos excedentes de exportación y la marginación de la competición europea, es capturado por la caída económica que ahora se inicia – simplemente porque el campeón del mundo de los excedentes de exportación comienza a perder a ojos-vista los mercados extranjeros, en el sistema capitalista mundial en colapso acelerado. “Ahora la cosa se ha vuelto insostenible“, comentó el FAZ, a propósito de la caída sorprendentemente acelerada del clima de los negocios a finales de septiembre de 2014, según el índice IFO, considerado el principal indicador de la situación. Como razones para el inicio de la recesión, el FAZ indica las consecuencias de la crisis en Ucrania, el crecimiento “decepcionante” del siete por ciento en China, y el malestar económico que continúa en la zona euro, especialmente en Francia e Italia, donde se venden más del doce por ciento de las exportaciones alemanas.

Las consecuencias de la espiral de sanciones entre Occidente y Rusia, por ejemplo, se manifiestan en la industria automovilística alemana, una enorme caída en las ventas de automóviles en la Federación Rusa, de “casi el 26 por ciento” en agosto, según datos de la asociación del sector VDA. La “industria automovilística mundial se encuentra al borde de la ruina“, así comentaron a mediados de septiembre la situación en el mercado mundial de automóviles los analistas de la consultora Ernst & Young, mercado que sólo se estabiliza por los buenos datos de los EE.UU. y China. Sin embargo, los fabricantes de automóviles seguramente pueden dejar de poner sus esperanzas puestas en los países emergentes, durante años presentados como los futuros motores de la economía mundial. La VDA anunció, por ejemplo, una caída de alrededor del 17 por ciento de las ventas de automóviles en agosto en Brasil, que mientras tanto está en plena recesión.

Muchos países emergentes, al menos desde que la Reserva Federal de los Estados Unidos introdujo la “inversión de la política de tipos de interés” a principios de 2014, están en caída de su situación económica – o ya en recesión y crisis -. La tentativa del Banco Central de los Estados Unidos de frenar nuevamente la emisión monetaria expansionista y la política monetaria expansiva históricamente única (mientras, la tasa de interés básica permanece durante seis años en un 0,25 por ciento) deshizo los sueños de los países emergentes de conectar con los centros, en crisis, del sistema capitalista mundial. En octubre se completó la suspensión gradual de las obligaciones de compra, que han alcanzado a solo 10.000 millones de dólares en septiembre. Recuérdese: La Fed, tras el estallido de las burbujas inmobiliarias globales, evitó el colapso del sistema financiero global con bajas tasas de interés y compras masivas de valores con el valor de basura – y elevó su propio balance total de 900.000 millones de dólares en la víspera de la crisis por una bagatela de cerca de 4,5 mil millones de dólares actualmente.

Incluso China, que incluso así presenta un crecimiento estable – aunque reducido, en comparación con períodos anteriores – ha sido completamente atrapada por la explosión de la deuda global. Según el Financial Times, la deuda total de la “República Popular” al final de julio alcanzó a cerca del 250 por ciento del PIB, mientras que a finales de 2008 era de 147 por ciento del PIB. China, evidentemente, ha pasado por una coyuntura de déficit en los últimos años – un crecimiento que está alimentado por el endeudamiento.

El crecimiento de China realmente dependía de la deuda desde el comienzo del siglo XXI – solo que está fue exportada hasta 2008 -. De hecho alguien tenía que comprar los bienes producidos por los trabajadores en China, que ellos no podían consumir (*NT: Comprar). (La parte del consumo chino en el PIB se redujo desde más del 50 por ciento en los años 90 a sólo el 35 por ciento en el año 2011.) Esos excedentes de exportación de China dieron lugar a un enorme superávit por cuenta corriente, que superó el valor del pico de 10 por ciento del PIB de China en 2007. Esto sólo fue posible debido a que los países de destino de las exportaciones chinas se endeudaron. Lo que ocurrió en la forma de las bien conocidas coyunturas de déficit en los EE.UU. y Europa, lo que permitió a China  acumular enormes reservas de divisas. Tras el estallido de las burbujas en los EE.UU. y partes de Europa – y el colapso de los superávit comerciales de China, que ahora son más bajos que los de Alemania – China, después de programas de estímulo económico masivo, dislocó la dinámica de la deuda hacia el interior, por lo que se convirtió en el motor del crecimiento, sustituyendo a los mercados de exportación.

El Informe que Ginebra publica anualmente aclara cuánto el sistema tardocapitalista mundial, en descomposición debido a sus crecientes contradicciones internas, depende en su totalidad de los procesos de endeudamiento. Según el diario británico The Guardian, sus autores advirtieron de una “combinación tóxica” de crecimiento de la deuda y estancamiento del crecimiento económico, lo que podría “desencadenar una nueva crisis”. La montaña de deuda global crece en consecuencia “a un ritmo frenético” y ya ha alcanzado mientras tanto el 212 por ciento de la producción económica mundial, lo que corresponde a un aumento del 38 por ciento sobre el año de la crisis de 2008. Si la ” acumulación de la deuda“, – cuyo efecto final prolonga la debilidad económica, debido a la crisis de acumulación de capital en la producción de mercancías – llevó a las” economías nacionales desarrolladas ” hacia el comienzo de la guerra, ahora son, sobretodo, los países emergentes y en vías de desarrollo los que se endeudarán más, con el fin de conseguir una demanda adicional, financiada a crédito, para el capitalismo tardío sofocado por su propia productividad.

Esta gigantesca torre mundial de deudas está puesta, naturalmente, en interacción con la burbuja global en los mercados financieros mundiales. El Portal de Economía estadounidense ‘Market Watch’ describió en julio pasado (“Dow 17,000 is on the wrong side of history” [El Dow 17000 está en el lado equivocado de la historia]) la naturaleza fantasmal de la burbuja actual, que condujo a la triplicación de los precios de las acciones estadounidenses desde la baja del 2009. Mientras que la propiedad de las acciones retrocede rápidamente entre la, en erosión, clase media americana, es un pequeño número de grandes inversores institucionales el que ahora hace subir rápidamente los precios de los títulos. Aquí, el boom del mercado accionarial no está en ninguna relación razonable con el desarrollo de la economía real, que inestable y en la mejor de las hipótesis está estancado.

Este impulso de subida de los precios de las acciones también fue desencadenado por las medidas de crisis tomadas por la política monetaria con la que fueron trabados los efectos del estallido de la burbuja inmobiliaria. La emisión monetaria de la Fed, junto con las tasas de interés históricamente bajas, llevó a que el mercado accionarial se convirtiese en atractivo, no debido a una recuperación económica, sino porque eran la última opción de inversión rentable. Los mercados financieros globales de los centros del capitalismo están en una burbuja de liquidez, todavía alimentada por la reversión impuesta en la política de tipos de interés de la Fed, dado que el capital fluye desde los mercados emergentes en crisis de vuelta a los centros. Si la discrepancia entre la acumulación de capital ficticio en los mercados financieros y la anémica economía real se hace muy grande, también esa burbuja tiene que estallar. La política económica y monetaria, que ahora ya ha agotado por completo todas sus posibilidades de acción, no dispondrá entonces de más opciones para controlar de nuevo la dinámica de la crisis. Por lo menos entonces los temores de la hiperinflación deben demostrarse adecuados: la desbandada loca del capital ficticio que comienza, desde los mercados financieros hacia los valores reales, traerá consigo una devaluación masiva de la mercancía dinero, la deflación se convertirá en una estanflación.

Las crecientes disputas geopolíticas, que desestabilizan aún más este sistema económico tardo-capitalista altamente inestable, precisamente constituyen una reacción a este proceso de crisis. Todo esto es como un ajuste de cuentas en el Titanic. Hay una lucha salvaje por el poder geopolítico entre las principales potencias capitalistas, una vez que, debido a la crisis, se les escapa de las manos la base económica, como se hace evidente precisamente en el ejemplo de la intervención occidental en Ucrania: los EE.UU., al intervenir, quieren retrasar su declinación como potencia hegemónica global y defender al dólar como moneda mundial dominante, frustrando el desarrollo de un bloque de poder euroasiático cerrado. Y la Unión Europea, a su vez, con la conexión de Ucrania a Occidente, quieren evitar la organización eurasiática por Putin de su rival objetivo, para que los estados europeos en crisis – para los cuales “Europa” ahora degeneró a ser un patio de cuartel prusianos – no tengan ideas disparatadas.

Por esto, la dinámica de la crisis del capitalismo tardío se refleja francamente paradigmática especialmente en Ucrania. ¿Cómo podría Kiev degenerar a ser un mero objeto de poker neo-imperial de las grandes potencias, entre el Este y Occidente? Pues sólo porque el país empobrecido fue llevado al borde de la quiebra debido a la grave crisis económica y la deuda, y ello causado por la escalada de los déficits de la balanza comercial (sólo en 2013 fueron más del ocho por ciento del PIB) y por la caída de la moneda nacional . La amenaza de colapso económico corroe la base económica de la soberanía del Estado de Ucrania – y forzó al gobierno a elegir entre la integración en el sistema de alianzas de Rusia o de Europa. Desde el punto de vista occidental, el entonces presidente Yanukovych sólo tomó la decisión equivocada.

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